Capri

Esta Semana Santa fuimos a uno de los hoteles en Cancún más nuevos, ya que tiene solo dos años de existencia desde que fue inaugurado. Este lugar es sin duda alguna de los lugares más impresionantes que he visto en mis años en este mundo, algo que no solo digo yo sino casi toda persona que se quede ahí.

Como suele suceder en los grandes hoteles, esta vacación conocimos a algo de gente en la alberca, restaurantes y playas del lugar. De las muchas personas que conocimos, una en particular  resalta debido a su nivel de excentricidad por así decirlo, aunque su modo de ser puede ser percibido de muchas maneras por diferentes tipos de personas.

Se trata de un señor de 55 años proveniente de la isla de Capri en Italia, una isla italiana en el Mediterráneo cuyos habitantes tienen fama de tener tendencias ciertamente pesimistas. Sin embargo, nunca había conocido algún local de aquella isla que ha dejado  una fuerte huella en la historia italiana, especialmente en los tiempos del imperio Romano.

La isla es famoso por la depravada utilización que se le daba por el emperador Tiberio quien decidió dejar la capital romana para gobernar el magnánimo imperio de imperios, debido a que la corte de la ciudad de las luces la parecía insuficiente, además de no confiar en absolutamente nadie debido a la fuerte condición de paranoia de la cual padecía. Este es un ejemplo claro de un individuo con severos daños mentales debido al sufrimiento que tuvo durante su vida.

Al haber dejado Roma y al haberse instalado en su palacio de la isla de Capri, el emperador romano tenia toda libertad de hacer de su vida lo que quisiera sin peligro alguno de ser condenado por la sociedad alta y baja por sus actos sexuales amorales que eran demasiado fuertes inclusive para la depravada sociedad Romana quienes valoraban el placer casi sobre cualquier otra cosa, parecido a la actitud que los griegos tenían para el mismo.

En aquella isla, el emperador Romano tenía un harem de mujeres y hombres recaudados y seleccionados por personal especializado y escogidos todos personalmente por el depravado emperador. Aunque, muchos hombres en la silla del poder magno en la historia tenían aficiones de esta naturaleza, muy pocos lo hacían de la manera tan  barbárica como lo hacia aquel emperador quien era el superior del mismísimo Poncio Pilatos.

El harem de Tiberio era uno eterno, lo que significa que nunca estaba vacío, aunque se tenían perdidas de personal casi de a diario, por lo que los reclutadores de mujeres hermosas siempre tenían arduas labores  de las cuales simplemente dependía su vida.

Esto se debe a que si es que no le gustaba al emperador el producto que le traían, los reclutadores, al igual que el personal capturado, serian lanzados de un precipicio de más de 300 metros de profundidad. Desde esos actos atroces se dice que los isleños de aquel lugar quedaron apáticos para siempre.